Será un puro arranque de homesickness, pero bueno, debo hacerlo. Hoy a la 9 de la mañana Rita me despertó con la maravillosa idea de ir a comprar facturas para el desayuno. Claro que esto sería absolutamente común y corriente en cualquier hogar argentino. Pero yo estoy en un hogar de argentinos en Australia. Obviamente no dije que no, y nos hicimos un viajecito de media hora en auto para llegar hasta el único lugar donde venden facturas en Knox. Entramos y no solo pensé que me había teletransportado a Bs As, sino que además creí que había viajado en la máquina del tiempo... Y me encontré el sábado a la mañana en un almacén, lleno de vigilantes, medialunas, tortitas negras, sandwich de miga, masitas, dulce de membrillo y de batata y yerba, en donde todos hablaban argentino (incluso los clientes que entraban) y la dueña del lugar hacía las cuentas en un bloq de hojas de papel de envolver fiambreeeeeeeeeeee!!!!! Flash.
Claro que cuando salí a la calle y vi que los autos circulaban por la mano izquierda, volví...

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